
Esta prosa la escribí hace dos años aproximadamente, cuando en el taller literario de don Sergio Bueno nos pidieron algo para homenajear el Centenario de Pablo Neruda. Había ido dos veces a su casa en Isla Negra y leído recientemente algo sobre la hija con hidrocefalia, Malva Marina. Me chocó esa especie de negación por una hija "imperfecta". Sólo un par de atisbos en "Residencia en la Tierra". García Lorca la llamó "niñita de Madrid". Esta niña, cual bella durmiente, pacientemente esperó 100 años para despertar y dedicarle un poema a su padre:
Sentada junto a ti. Poso mis manos sobre tus párpados inertes y cierro tu mirada eterna. Isla Negra. 1973. Todo se nubla.
No se si soy yo o es tu alma la que se levanta y comienza a recorrer tu barco.
Acaricias-acaricio tu colcha blanca, suave, entretejida de sueños últimos de libertad.
Recuerdas-recuerdo la última vez que paseaste por tu jardin. Te acompañé en sueños por primera vez; ahora, por última…. y aún lloro.
Descalzo y de pesado andar. Descalza me encuentras. Tus piedras mágicas acarician mis pies. Las miras, las miro.
Tocas la campana y las olas del mar despiertan, me despiertan.
Me muestras esas musas de madera. Tus hijas, hermanas y mujeres. ¿Cuál es la que llora? ¿Es porque se le acabó la fé? ¿Es porque se murió el país? Tratas de consolarla, pero ella no puede ver ni sentir tu espíritu errante. Ella miraba el mar a través de tus ojos; y tus ojos están cerrados ahora.
Caminas-camino por el barco y el mareo nos inunda. Te afirmas sobre las botellas azules, celestes, acuáticas, marinas. Las protejes, las consuelas. Afirmo las terrestres, quiero proteger tus tesoros, mis tesoros.
Tienes frío. Intento preparar una taza de café, pero recuerdo que prefieres el mate. Tu alma se interpone entre la puerta de la cocina y mi existencia. Quiero entrar, quiero ayudar. Quiero conocer tu secreto, tus secretos. Déjame ayudarme.
Me invitas a jugar. Veo el caballo, el más feliz del mundo. Tres colas es mucho para él, pienso. Pido una para mi gato. Me la das y ahora tenemos al caballo y al gato más felices del mundo. Como un rey con su capa, el gato se pasea por nuestro barco. Pero tu dices “mi barco”. Aún no me reconoces.
Soy yo, soy la Niña de Madrid. Mírame a los ojos, no sigas mirando el mar. Mírame una última vez, mírame una primera vez. Di mi nombre, escríbeme un poema. Sentémonos en tu escritorio, inspírate en mis manos, mis ojos, mi boca. Soy Malva, Malva Marina.
Susurro, susurras.


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